
Contar historias, transmitir a través de sus voces y sus gestos; la creatividad y el don de escuchar; estudios, documentación y aprendizaje. Hay mucho trabajo detrás de un narrador/a oral. Por ello, Unión UATAE Andalucía celebra junto a ellos/as este 20 de marzo el Día Mundial de la Narración Oral. La entidad ha colaborado con la Asociación de Profesionales de la Narración Oral en España (AEDA) en una campaña en redes sociales en la que Diego Magdaleno y Juan Gamba, profesionales de la narración oral y miembros de la asociación, han contado qué es para ellos y cómo la viven.
La narración oral es una disciplina artística fundamental para la transmisión cultural, la educación y la cohesión social. Es mucho más que contar historias. Detrás de cada sesión hay un intenso trabajo invisible de documentación, investigación, creación y adaptación de contenidos. Las y los narradores construyen relatos que conectan generaciones, preservan tradiciones y fomentan el pensamiento crítico, desempeñando un papel clave en bibliotecas, centros educativos, espacios culturales y comunidades.
A pesar de ser tan importante, esta labor no cuenta con el reconocimiento ni las condiciones laborales que merece. La mayoría de estos/as profesionales son autónomos/as, lo cual tiene la parte positiva de que “nos marcamos nuestros propios tiempos, elegimos los trabajos y cómo realizarlos”, cuenta Diego Magdaleno. Pero también se enfrentan a la intermitencia: no existe trabajo diario ni ingresos regulares, sino actuaciones puntuales. “Tienes que pagar una cuota mensual cuando, en ocasiones, los días que trabajas en el mes no llegan a cubrir los gastos de la propia cuota de autónomo”, relata Juan Gamba. Esta situación genera dificultades para el/la profesional y para el propio oficio.
“Es una actividad artística y esto debe verse reflejado en los cachés y en las contrataciones. Cuando quieres a un artista directo, no debe salir por licitación pública, sino por contratación directa”, reivindica Magdaleno. Cuenta que convocar los lotes de actividades en bibliotecas o centro públicos por licitación termina por ser adjudicados a empresas que no son expertas en narración oral y el resultado no es el esperado. Esto trae consigo consecuencias negativas, como la infravaloración del trabajo real de un/a narradora oral o la reducción de su acceso a oportunidades laborales, precarizando aún más sus condiciones económicas.
A este sector, la digitalización les ha aportado muchos factores positivos. Las redes sociales les permiten llegar más allá de sus fronteras, la población les conoce a través de vídeos de la red y eso amplía el abanico de posibilidades para futuras contrataciones.
“Es fundamental reconocer la narración oral como una profesión con valor propio y garantizar condiciones dignas para quienes la ejercen. No se puede seguir sosteniendo la cultura a costa de la precariedad de sus profesionales”, señala Pepe Galván, Secretario General de Unión UATAE Andalucía. Para la Organización, las administraciones públicas deben revisar los modelos de contratación, fomentar la contratación directa de narradores y narradoras, y adaptar el sistema de cotización a la realidad de los trabajos intermitentes.
La narración oral no solo debe verse valorada como una forma de entretenimiento, sino como una herramienta cultural imprescindible que merece reconocimiento, respeto y condiciones laborales justas. Son profesionales que tienen el don de contar historias, la capacidad de cautivar y la pasión de divulgar. Esta campaña junto con AEDA puede verse en las redes sociales de Unión UATAE Andalucía (Instagram, Facebook, X y TikTok). El apoyo a los sectores del autoempleo andaluz se encuentra dentro del proyecto ‘Consolidando y reinventando el autoempleo en Andalucía. El avance colectivo’, que se presentará ante la Consejería de Empleo, Empresa y Trabajo Autónomo de la Junta de Andalucía.
