
El afán de Unión UATAE Andalucía por dar a conocer, visibilizar y poner en valor los oficios de las personas trabajadoras autónomas en el ámbito artesanal y en riesgo de desaparición, nos lleva en esta ocasión al corazón de Cumbres Mayores, un municipio de algo más de 1.700 habitantes situado en la provincia de Huelva, donde encontramos una de las artesanías más minuciosas de nuestro patrimonio, el bordado en oro de la escuela sevillana.
En este entorno, hablamos con Enrique Carrascal, de 43 años, un bordador que mantiene vivo su taller dedicado tanto a la ejecución de obras de nueva elaboración como a la compleja restauración de piezas de orfebrería y textil sacro. Su labor, cargada de devoción artesanal en los tiempos que corren, rescata del olvido técnicas ancestrales que exigen miles de horas de trabajo con paciencia, dedicación plena y la maestría acumulada tras veinticinco años de trayectoria profesional.
Sin embargo, el horizonte de este oficio se encuentra ensombrecido por la falta de relevo generacional, que amenaza con la extinción paulatina de la profesión. Las nuevas generaciones priorizan otro tipo de sectores o actividades a desarrollar mediante el autoempleo, pero, el hecho de ser persona trabajadora autónoma te aporta la libertad de organización y decisión ante tus propias necesidades.
La paciencia, la constancia y la renuncia a los horarios imponen una disciplina que no todo el mundo está dispuesto a soportar, provocando que el conocimiento técnico y la sabiduría práctica acumulada durante el tiempo, corra el riesgo real de desaparecer tras la jubilación de sus últimos maestros.
Ante las adversidades del sector, una de las decisiones más acertadas de su carrera fue trasladar el taller desde Sevilla hasta la sierra durante la complicada etapa del COVID. Lo que en un principio pudo parecer un riesgo, como persona trabajadora autónoma, el trasladarse a un municipio de la sierra en plena crisis por la pandemia, pudiendo sufrir un aislamiento comercial, se ha transformado en un modelo de éxito y rentabilidad que le permite optimizar recursos sin perder clientela. Hoy en día, Enrique le saca un enorme partido a su ubicación rural, organizando visitas con sus clientes llegados desde Ferrol, Albacete o Sevilla. Estas citas de trabajo se convierten en experiencias, dando a conocer el patrimonio y la gastronomía de la zona, dinamizando así la economía de Cumbres Mayores y deleitando a unos compradores que aprecian la tranquilidad de la montaña.
En un mercado tomado por la inmediatez y la producción industrial, Enrique mantiene su labor rechazando el uso de tecnologías o maquinarias en su proceso de confección. Aunque la tecnología actual permite realizar creaciones mecanizadas, la intervención de una máquina alteraría drásticamente la calidad visual, la nobleza de las texturas y la esencia que distingue al verdadero bordado en oro. Salvo una pequeña costura auxiliar inicial para el montaje en el bastidor, cada puntada, el elaborado forrado y la aplicación del almidón natural se realizan a mano respetando los métodos de antaño, asegurando una presencia y un impacto visual que la elaboración a máquina no respetaría.
